miércoles, 9 de octubre de 2019

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"La primera lectura de la misa de hoy está tomada del libro de la profecía de Jonás (4,1-11), del que vamos a hablar en esta entrada.
El profeta Nahum realizó su ministerio hacia el 620 a. C. Anunció al pueblo de Judá la justicia de Dios contra todos sus opresores, especialmente contra Nínive, la capital de Asiria. A diferencia de los otros profetas, no denunció el pecado de sus paisanos ni mucho menos tuvo una visión universal de la salvación. Su escrito se limita a tratar un solo tema: la inminente destrucción de Nínive.
El libro de la profecía de Jonás se sitúa idealmente en el mismo tiempo del profeta Nahum, aunque con una mentalidad contraria.
Aunque se encuentra entre los libros proféticos, es un libro sapiencial, que intenta transmitir una enseñanza teológica por medio de una narración ficticia, aunque quizás tenga a la base el recuerdo de algunos acontecimientos reales (la predicación de algún profeta fuera de Israel o el anuncio profético de que también los no judíos pueden salvarse).
El relato bíblico cuenta la historia de Jonás, a quien Dios ordenó que anunciara la destrucción de Nínive (capital de Asiria, la gran enemiga de Israel). El profeta pensó que si anunciaba a los ninivitas que su ciudad iba a ser destruida por Dios, cabía la posibilidad de que se arrepintiesen de su mala vida, y entonces Dios tendría que perdonarlos. Así que, en lugar de ir a Nínive, que está al noreste, se fue en dirección contraria, hacia Tarsis, que está al noroeste.
Pero Dios suscitó una tempestad, y los marineros terminaron arrojándole al mar después de que Jonás confesara su culpa. Una ballena se tragó a Jonás y lo devolvió a su lugar de partida. Al profeta no le quedó otro remedio que ir a predicar a Nínive.
Tal como imaginaba Jonás, los ninivitas se convirtieron e hicieron penitencia (incluso el rey y los animales domésticos), por lo que Dios tuvo compasión y no destruyó la ciudad. El profeta se enfadó, pero Dios le hizo comprender que él tiene misericordia de todos, también de los enemigos de Israel, de los animales y de las plantas.
Frente al nacionalismo radical de Nahum, Jonás anuncia la universalidad de la salvación. La mayoría de los hebreos esperaba la victoria militar de Israel sobre los otros pueblos, así como su sometimiento y destrucción. Pero el autor de este libro afirma que Dios quiere la salvación de todos.
Además, manifiesta que no es Dios quien castiga a los pecadores enviándoles desgracias, sino que son los pecadores los que se hacen daño a sí mismos con su actuar. Cuando Dios amenaza con un castigo, lo que en realidad hace es avisar de las consecuencias de nuestro actuar, pero lo que él desea es la conversión del pecador para poder salvarle.
Jesucristo puso a los ninivitas como ejemplo de conversión, a diferencia de sus contemporáneos, que escucharon su predicación pero no le hicieron caso. Los evangelios también presentan los tres días que Jonás paso en el vientre de la ballena como imagen de los tres días que Jesús pasó en el sepulcro antes de la resurrección". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

martes, 8 de octubre de 2019


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"Los judíos comienzan esta tarde la fiesta de «Yom Kipur», que supone la culminación de los «Yamim Noraim», los diez ‘Días del Temor’ o ‘Días del Arrepentimiento’, que comenzaron con la celebración de «Rosh Hashaná». Dicha fiesta tiene un doble significado: es al mismo tiempo el comienzo de un nuevo año y el día en que Dios juzga las acciones realizadas por los hombres en el año anterior. Aunque los seres humanos son juzgados el día de «Rosh Hashaná», el veredicto del juicio es fijado diez días después, el día de «Yom Kipur».
Los «Yamim Noraim», los diez días de arrepentimiento que transcurren entre «Rosh Hashaná» y «Yom Kipur» son la gran oportunidad que Dios concede a los hombres para que se reconcilien entre sí, salden sus deudas y se dispongan a pedir perdón.
Dios perdona a los hombres el día de «Yom Kipur» si durante los días precedentes han pedido disculpas a los que han ofendido durante el año anterior y han pagado sus deudas pendientes.
Tres son los pasos de la verdadera «Teshubá» (palabra que significa ‘arrepentimiento’, ‘retorno’): 1) Reconocer la transgresión realizada. 2) Confesar verbalmente el propio pecado: «Señor, yo erré, transgredí e hice el mal delante de ti. Me arrepiento y no volveré a hacerlo». 3) Aceptar el compromiso de no incurrir en el mismo pecado en circunstancias similares".

"... Hay cinco cosas que todo judío piadoso no debe hacer esta tarde ni mañana durante todo el día:
1. Comer y beber
2. Lavarse
3. Aplicarse aceites o lociones en la piel
4. Tener relaciones maritales
5. Usar zapatos de cuero

Esto se debe a que, a lo largo del año, la mayor parte de la gente pasa su tiempo dedicado a la comida, el trabajo, las posesiones materiales superficiales (simbolizadas por los zapatos) y los placeres superficiales (simbolizados por los aceites). En Yom Kipur los judíos quieren recordar qué es lo que realmente cuenta en la vida, dejando de lado por unas horas todo lo demás.

El rabino Eliahu Dessler escribió: "En Yom Kipur el poder de la inclinación negativa es apagado. Por lo tanto, nuestro anhelo de elevarnos espiritualmente se reafirma, después de haber estado latente como resultado del efecto amortiguador del pecado en el alma. Este rejuvenecimiento de las intenciones da derecho a la persona a ser considerada de manera especial y ser perdonada"...". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

lunes, 7 de octubre de 2019

7 de octubre. Fiesta de la Virgen del Rosario.


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"Hoy se celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Les recuerdo que el 7 de octubre de 1571, las tropas cristianas vencieron en la famosa "batalla de Lepanto" sobre los turcos, que hasta ese momento avanzaban en la conquista de puertos cristianos.

Como ese día (que era el primer domingo de octubre) las cofradías del rosario celebraban su fiesta en los templos de los dominicos y el papa san Pío V (que era dominico) había organizado un rosario especial en la basílica de santa María la Mayor de Roma para pedir por el éxito de la empresa, el papa dispuso que cada año se celebrara en esa fecha una fiesta en honor de la Virgen del Rosario, también llamada desde entonces "Nuestra Señora de las Victorias". 

El mismo papa dispuso en esa ocasión que se añadiera a las letanías la invocación "Auxilio de los cristianos" (que después evolucionó a la "Virgen Auxiliadora" de los salesianos).

Con el paso del tiempo, se generalizó la costumbre de celebrar esta fiesta el 7 de octubre, aunque en algunos sitios se mantuvo la del primer domingo de octubre, independientemente del día en que cayera". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.  

viernes, 4 de octubre de 2019

4 de octubre. San Francisco de Asís.

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Nació en Asís (Italia) hacia 1182, hijo de un rico mercader de telas. De joven ayudó a su padre en el comercio y fue el rey de la juventud. Participó en la guerra de su ciudad contra Perusa; la cárcel que sufrió y la enfermedad que contrajo le iniciaron en un nuevo camino, por el que Dios lo fue conduciendo hasta su plena conversión. Renunció a su herencia, abrazó la vida evangélica, se desposó con Dama Pobreza, atendió a pobres y a leprosos. Se le unieron compañeros con los que se presentó al Papa: Inocencio III aprobó su forma de vida, que consistía en seguir las huellas de Cristo que adora al Padre, ama todo y a todos, predica incansablemente la penitencia y conversión. Junto con santa Clara fundó la Segunda Orden, la de las Clarisas, y a los seglares les dio directrices para vivir el Evangelio en su estado y condición, la Tercera Orden. En 1223, Honorio III aprobó su Regla definitiva. En septiembre de 1224, sobre el monte Alverna, las Llagas de Cristo quedaron impresas en el cuerpo de Francisco, quien murió en la Porciúncula al atardecer del 3 de octubre de 1226. Gregorio IX lo canonizó en Asís el 16 de julio de 1228.

"No pido milagros y visiones, suplico la fuerza para la vida diaria. Enséñame el arte de los pequeños pasos. Hazme hábil y creativo, para notar a tiempo en la multiplicidad y variedad de lo cotidiano, los conocimientos y experiencias que me atañen personalmente. Ayúdame a distribuir correctamente mi tiempo: dame la capacidad de distinguir lo esencial de lo secundario. Te pido fuerza, auto-control y equilibrio para no dejarme llevar por la vida y organizar sabiamente el curso del día. Ayúdame a hacer cada cosa de mi presente lo mejor posible, y a reconocer que esta hora es la más importante. Guárdame de la ingenua creencia de que en la vida todo debe salir bien. 
Otórgame la lucidez de reconocer que las dificultades, las derrotas y los fracasos son oportunidades en la vida para crecer y madurar. Envíame en el momento justo a alguien que tenga el valor de decirme la verdad con amor. Haz de mi un ser humano que se sienta unido a los que sufren. Permíteme entregarles en el momento preciso un instante de bondad, con o sin palabras. No me des lo que yo pido, sino lo que necesito ¡Enséñame el arte de los pequeños pasos".

miércoles, 2 de octubre de 2019

2 de octubre. Fiesta de los ángeles custodios.

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"El 2 de octubre se celebra la fiesta de los santos ángeles custodios. El Catecismo de la Iglesia católica dedica los números 328-336 a hablar de los ángeles:


La existencia de los ángeles, verdad de fe.

328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.

¿Quiénes son los ángeles?

329 San Agustín dice respecto a ellos: "El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel". Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20).

330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf Dn 10, 9-12).

Cristo "con todos sus ángeles"

331 Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles..." (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para Él: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por Él y para Él" (Col 1, 16). Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Hb 1, 14).

332 Desde la creación (cf Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados "hijos de Dios") y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf Gn 3, 24), protegen a Lot (cf Gn 19), salvan a Agar y a su hijo (cf Gn 21, 17), detienen la mano de Abrahán (cf Gn 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (cf Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos (cf Jc 13) y vocaciones (cf Jc 6, 11-24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el del mismo Jesús (cf Lc 1, 11.26).

333 De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce «a su Primogénito en el mundo, dice: "adórenle todos los ángeles de Dios"» (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: "Gloria a Dios..." (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús (cf Mt 1, 20; 2, 13.19), le sirven en el desierto (cf Mc 1, 12; Mt 4, 11), lo reconfortan en la agonía (cf Lc 22, 43), cuando Él habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (cf Mt 26, 53) como en otro tiempo Israel (cf 2 M 10, 29-30; 11,8). Son también los ángeles quienes "evangelizan" (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación (cf Lc 2, 8-14), y de la Resurrección (cf Mc 16, 5-7) de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles (cf Hb 1, 10-11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor (cf Mt 13, 41; 25, 31 ; Lc 12, 8-9).

Los ángeles en la vida de la Iglesia

334 De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles (cf Hch 5, 18-20; 8, 26-29; 10, 3-8; 12, 6-11; 27, 23-25).

335 En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo; invoca su asistencia en el canon romano, en la liturgia de difuntos, en el "himno querúbico" de la liturgia bizantina... y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (san Miguel, san Gabriel, san Rafael, los ángeles custodios).

336 Desde su comienzo (cf Mt 18, 10) hasta la muerte (cf Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de su custodia (cf Sal 34, 8; 91, 10-13) y de su intercesión (cf Jb 33, 23-24; Za 1,12; Tb 12, 12). "Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida" (San Basilio Magno). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

martes, 1 de octubre de 2019

1º de octubre, santa Teresita del Niño Jesús.

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"Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús".


"El mes de octubre comienza con la celebración de la fiesta de santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz (1873-1897), doctora de la Iglesia y patrona de las misiones. La Historia de un alma (su autobiografía) es el libro más traducido y editado en toda la historia de la humanidad, después de la Biblia.


Nació en Alençon (Francia), de Luis Martin y Celia Guérin, un matrimonio ejemplar que hoy está beatificado. Con el cuidado de su familia se orientó al bien desde muy temprana edad. Por eso pudo afirmar: "Desde los tres años no he negado nada a Dios".

Cuando tenía cuatro años, murió su madre. Fue un duro trauma. Su sensibilidad quedó duramente afectada: durante los diez años siguientes se volvió tímida, llorosa, incapaz de relacionarse con los extraños, siempre enfermiza y depresiva.

Su hermana Paulina entró en el Carmelo cuando tenía nueve años. Por entonces se le manifestó una extraña enfermedad: dolores continuos de cabeza, obsesiones, alucinaciones, ataques violentos, dolores y síntomas que no se saben calificar, hasta que una misteriosa sonrisa de la Virgen la curó milagrosamente.

Su hermana María también entró en el Carmelo y se produce una nueva regresión en la niña que, con 13 años, no es capaz de hacerse la cama, ni peinarse, ni ayuda en las tareas de la casa... “Era verdaderamente insoportable”, dirá de sí misma, cargando un poco las tintas.

Todo cambia la noche del 24 de diciembre de 1886. Teresa recibe la gracia de su “conversión” definitiva: “En esta noche santa en la que Dios se hizo débil y pequeño por mi amor, a mí me hizo fuerte y poderosa. Y comencé una carrera de gigante. Desde entonces jamás fui vencida en ningún combate. Entró en mí la caridad, la capacidad de olvidarme de mí misma para agradar a los demás...”

Desde los dos años empezó a sentir la llamada del Señor. A los catorce pidió permiso a su padre, que se lo concedió emocionado. Pero se oponen su tío, el superior del Carmelo, el vicario episcopal... Viaja a Bayeux a suplicar al obispo y a Roma a pedírselo al papa en persona. Finalmente fue recibida en el Carmelo de Lisieux con quince años.


La vida de Teresita en el convento se resume en pocas líneas: Perseverancia en la oración, observancia de la regla, generosidad en los más mínimos detalles, pobreza minuciosa, continua sonrisa en los labios, igualdad de trato con todas. Pero estos datos, ¿no podrían contarse de otras muchas religiosas? ¿Por qué Teresita de Lisieux es la santa más célebre de los tiempos modernos? El secreto está en unos cuadernos de escolar que dejó escritos, en los que cuenta su vida y la historia de su vocación.


Ella siente una multitud de vocaciones que le queman el alma: sacerdote, apóstol, misionera, mártir... Era imposible vivirlo todo a la vez, hasta que encontró el descanso: "Analizando el Cuerpo místico de la santa Iglesia, no me veía incluida en ninguno de los miembros citados por san Pablo, o más bien pretendía reconocerme en todos. La caridad me dio la clave de mi vocación. Entendía yo que, si la Iglesia posee un cuerpo compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario: pensaba que ella tenía un corazón y que este corazón ardía en llamas de amor. Veía claro que solo el amor pone en movimiento sus miembros, porque, si el amor se apagaba, los apóstoles no anunciarían el Evangelio, los mártires rehusarían verter su sangre... Comprendí que el amor abarca todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que el amor trasciende todos los tiempos y lugares porque es eterno. Entonces, delirante de gozo, exclamé: Mi vocación es el amor. Sí; he encontrado mi lugar en el seno de la Iglesia, y este lugar, ¡oh Dios mío!, es el que Tú me has señalado: en el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor... Así serán realizados mis sueños".



Teresa nos ha enseñado el camino de la infancia espiritual: Reconocernos pequeños ante Dios, nuestro Padre. Y ser sencillos y confiar sin límites en su misericordia infinita. En el Evangelio y en san Juan de la Cruz -su padre y su maestro preferido- ella bebió la doctrina del amor y de la humildad perfecta, que es la quintaesencia del Evangelio, sin cosas accidentales ni extraordinarias.



Durante sus últimos dieciocho meses sufrió una prueba mística atroz. Ella, que tanto amaba a los pecadores y quería ser solidaria con ellos, empezó a experimentar la consecuencia del pecado: la lejanía de Dios. Desapareció de ella todo sentimiento de fe y surgió avasallador el contrario... Fueron dieciocho meses de un verdadero martirio. La santa de la confianza sin medida se sentía como si Dios y el cielo no existieran. Las páginas en que ella describe su tormento son realmente impresionantes: "Señor, tu hija ha comprendido tu divina luz, ella te pide perdón por sus hermanos, ella acepta comer todo el largo tiempo que Tú quieras el pan del dolor y no quiere levantarse de esta mesa llena de amargura donde comen los pobres pecadores antes del día que Tú hayas señalado... ¡Oh Jesús!, si es necesario que la mesa manchada por ellos sea purificada por un alma que te ame, yo quiero comer sola el pan de la prueba hasta que te plazca introducirme en tu reino luminoso. La sola gracia que te pido es la de no ofenderte jamás".



Así, deshecha, crucificada en cuerpo y alma, pero rebosando amor y paz, la encontró la muerte. Ella era consciente de que entonces comenzaba su verdadera misión: "Yo no he dado a Dios más que amor. Él me devolverá amor. Después de mi muerte haré caer una lluvia de rosas... Amar, ser amada, y volver a la tierra para hacer amar al Amor... Presiento que mi misión va a comenzar: la misión de hacer amar a Dios como yo le amo, de enseñar mi caminito a las almas... Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra..."". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

martes, 17 de septiembre de 2019

San Alberto de Jerusalén (17 de septiembre)


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"Hoy se celebra la fiesta de san Alberto de Jerusalén, que escribió la regla que hasta el presente inspira la vida de toda la familia carmelitana (religiosos, religiosas y seglares). 

La Regla Carmelitana es la más breve entre las Reglas religiosas de la Iglesia. Consiste, casi exclusivamente, en una sabia concatenación de citas de la Biblia. Se centra más en la justificación espiritual de la vocación carmelitana y en los medios necesarios para desarrollarla, que en las normas legales que deben regular las relaciones de un grupo concreto.

En ella se recoge la motivación que debe guiar la vida de los consagrados y de todos los cristianos: «vivir en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia» (n. 2), meditando día y noche en su palabra, a no ser que estén ocupados en otras actividades legítimas.

Este es el ideal que presenta nuestra Regla y que los carmelitas deseamos poner en práctica también hoy, ochocientos años después de su promulgación". Padre Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Los místicos y la «resiliencia».

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"Santa Teresa de Jesús (de Ávila), san Juan de la Cruz y santa Teresita del Niño Jesús (de Lisieux) tuvieron muchas dificultades y sufrieron incomprensiones de todo tipo. A pesar de todo, nunca perdieron el buen humor y enfrentaron con paz y serenidad todas las contradicciones, superándolas.
Las dificultades no hay que buscarlas, ya que llegan por sí mismas. Algunas las podemos enfrentar para eliminarlas, pero otras permanecen, aunque no queramos. Si las enfrentamos con la actitud correcta, podemos crecer y madurar. En palabras de santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz: se nos abre la puerta para poder entrar en la vida mística. En caso contrario, las dificultades bloquean el proceso de crecimiento e incluso incapacitan para llevar una vida normal.
A esta actitud de acogida pacífica de las contrariedades de la vida para superar los traumas y aprender de todo, «haciendo de la necesidad, virtud» (en palabras de santa Teresa), hoy se la llama «resiliencia», que es «la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas».
Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz no usan esa terminología, pero ambos decían que, para vencer un vicio, no hay que estar todo el día dando vueltas a cómo conseguirlo, sino ocuparse en practicar la virtud contraria, «para vencer ese amor con otro amor mayor y mejor» (cfr. 1S 14,2).
Ambos recomiendan la misma actitud para vencer las dificultades y contradicciones: no permitir que nos ahoguen, sino ocupar el pensamiento y las energías en potenciar las actitudes contrarias, para poder superarlas. Esto es la «resiliencia»: la capacidad para adaptarse y superar la adversidad no deteniéndonos en lo negativo de la vida, sino potenciando lo positivo.
En este camino es esencial «dejar nuestra razón y temores en sus manos [del Señor]» (cfr. 3M 2,8), «dejarnos a nosotras mismas» (cfr. 3M 2,9) o, por decirlo con san Juan de la Cruz, «salir de nosotros mismos». Esto significa «des-centrarnos», comprender que no somos el centro del universo, ni siquiera autosuficientes, ya que nunca nos bastamos a nosotros mismos, sino que necesitamos de los demás y –sobre todo– de Dios. Así lo expresa san Juan de la Cruz: «Salí de mí misma, esto es, de mi bajo modo de entender, y de mi flaca suerte de amar, y de mi pobre y escasa manera de gustar de Dios» (2N 4,1).
Para los místicos, la vida verdaderamente humana es «éxtasis», que literalmente significa «salir de sí». Pero no entendiéndolo como una experiencia momentánea, sino como un camino que dura toda la vida, poniendo en práctica una enseñanza fundamental del evangelio: «El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la ganará» (Lc 17,33 y paralelos).
Esto consiste en no ser egoísta, sino generoso; en no pensar solo en mis cosas, en mi comodidad, sino en buscar el bien del otro, hasta dar la vida. Esto significa «salir de sí mismo»: no buscarme a mí mismo, pensar en los demás, darme por amor.
En este punto, la doctrina de santa Teresa de Lisieux coincide con la de sus santos Padres. Ella vivió su «conversión» a los catorce años, cuando recibió «la gracia de Navidad», que le permitió pasar de la infancia a la madurez humana y espiritual. Santa Teresita explica que esa gracia consistió en que comprendió que la caridad consiste en salir de sí misma, en olvidarse de sus cosas para amar a los demás sin esperar nada a cambio: «El 25 de diciembre de 1886 recibí la gracia de salir de la niñez. Sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás, ¡y desde entonces fui feliz!» (Manuscrito a, 45rº).
Aunque el lenguaje sea distinto, las ideas de santa Teresa de Ávila en las terceras moradas, son las que propone Karl Paul Reinhold Niebuhr en su conocida «Oración por la serenidad», que dice así: «Padre, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia. Viviendo día a día; disfrutando de cada momento; sobrellevando las privaciones como un camino hacia la paz; aceptando este mundo impuro tal cual es y no como yo creo que debería ser, tal y como hizo Jesús en la tierra, confiando en que tú obrarás siempre el bien; así, entregándome a tu voluntad, podré ser razonablemente feliz en esta vida y alcanzar la felicidad suprema a tu lado en la próxima. Amén»". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

jueves, 5 de septiembre de 2019

5 de septiembre, madre Teresa de Calcuta.

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"Hoy se celebra la fiesta de la madre Teresa de Calcuta. Para conocerla mejor, les ofrezco algunos pensamientos y oraciones de la fundadora de las misioneras de la caridad.


Sé bien y lo saben cada una de mis hermanas, que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo.

Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor.

La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría alrededor nuestro precisamos que toda familia viva feliz.

No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo. San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para nosotros darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que doler.

¿Cuál es el día más bello? Hoy 
¿El obstáculo mas grande? El miedo 
¿La raíz de todos los males? El egoísmo 
¿La peor derrota? El desaliento 
¿La primera necesidad? Comunicarse 
¿El misterio más grande? La muerte 
¿La persona más peligrosa? La mentirosa 
¿El regalo más bello? El perdón 
¿La ruta mas rápida? El camino correcto 
¿El resguardo más eficaz? La sonrisa 
¿La mayor satisfacción? El deber cumplido 
¿Las personas más necesitadas? Los padres 
¿ La cosa mas fácil? Equivocarse 
¿El error mayor? Abandonarse 
¿La distracción más bella? El trabajo 
¿Los mejores profesores? Los niños 
¿Lo que más hace feliz? Ser útil a los demás 
¿El peor defecto? El malhumor 
¿El sentimiento más ruin? El rencor 
¿Lo más imprescindible? El hogar 
¿La sensación más grata? La paz interior 
¿El mejor remedio? El optimismo 
¿La fuerza más potente del mundo? La fe 
¿La cosa más bellas de todo? El amor". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.


https://padreeduardosanzdemiguel.blogspot.com/2012/09/pensamientos-de-la-madre-teresa-de.html

domingo, 1 de septiembre de 2019

Domingo 22 del tiempo ordinario.

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"La primera lectura del domingo 22 del tiempo ordinario, ciclo c, invita a proceder con humildad en la vida. De lo mismo habla Jesús, que denuncia nuestros deseos de ser tenidos en cuenta y respetados, de buscar primeros puestos y otras vanidades. Todo lo contrario que el Hijo del Hombre, que "se despojó de su rango, pasando por uno de tantos" y que "no vino a ser servido, sino a servir".
La humildad no consiste en autodespreciarse diciendo: "no valgo nada, soy una basura" o cosas similares. Santa Teresa de Jesús decía que "la humildad es andar en verdad" (6M 10,7). Ni más, ni menos: reconocer sencillamente las propias capacidades como recibidas de Dios y también aceptar con sencillez las propias limitaciones sin amargarse por ello.
Nadie ha explicado esta intuición de santa Teresa como san Juan de la Cruz que, hablando con Cristo, le dice:
No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste
ya bien puedes mirarme
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste.

En la antigüedad ser moreno era sinónimo de ser pobre (trabajar al aire abierto, que quemaba la piel). Así lo encontramos en el Cantar de los Cantares, en el que la esposa se lamenta de que ha tenido que cuidar los rebaños de sus hermanos y no ha podido cuidarse a sí misma, por lo que es morena, aunque conserva rastros de su hermosura marchitada.
San Juan dice que todos somos morenos ante Dios: pobres, sin méritos, necesitados de su misericordia. Pero es su mirada de amor la que nos embellece y nos dignifica.
Esto es la humildad: reconocer que nuestras obras no valen nada ante Dios, pero también que hemos recibido gracia y hermosura de su mirada amorosa... El Señor nos conceda la verdadera humildad. Amén". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.