lunes, 6 de mayo de 2019

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Pascua y Eucaristía

"En la Pascua judía, la cena de Pesaj se vivía (y se vive hasta el presente) como un memorial que actualiza las actuaciones de Dios, y como una invitación a la esperanza. El recuerdo de las obras salvadoras que Dios ha realizado a favor de Israel debe llevar a los israelitas a seguir esperando en él y en la venida final de su mesías.



Estos elementos (memoria de las obras pasadas de Dios y esperanza de su futura salvación) alcanzan una nueva dimensión en la eucaristía, que es verdadera actualización sacramental del misterio pascual de Cristo: su entrega a la muerte por nosotros y su resurrección gloriosa.

«La eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG 11), porque en los demás sacramentos se nos ofrece la gracia de Cristo, pero en este es Cristo mismo el que se nos entrega.

El Señor dijo a los discípulos: «a vosotros no os llamo siervos, sino amigos» (Jn 15,15). En la eucaristía nos dejó la máxima expresión de su amistad. San Pablo explica la celebración de la cena como verdadera «comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo» (1Cor 10,16), como participación de su misma vida. 

La eucaristía, además de acción de gracias, es memoria. Son las dos caras de una sola moneda. A una persona que nos ha hecho un gran beneficio le estamos agradecidos. La eucaristía es recuerdo agradecido del que nos salvó la vida. Recordamos y celebramos con agradecimiento la muerte y resurrección del Señor, el sacrificio por el cual se nos perdonan los pecados. 

Después de la consagración, el sacerdote añade: «Este es el sacramento de nuestra fe». Y el pueblo responde: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección; ¡ven, Señor Jesús!». Así, el presente de nuestra celebración eucarística queda prendido entre el recuerdo de la primera venida de Cristo y la esperanza de la última. Se hace presente el que vino y el que vendrá. El pasado (la historia de Jesús) y el futuro (su parusía) se actualizan sacramentalmente. 

En la última cena, Jesús consagró el pan y el vino. En la cena pascual se utilizaban otros alimentos (verduras amargas, cordero, dulces...). De ellos Jesús solo tomó el pan y el vino para darles un sentido nuevo, muy concreto. Estos son los dones que la Iglesia presenta sobre el altar, en fidelidad a su Señor, que nos mandó: «Haced esto en conmemoración mía». En el pan y vino consagrados, se hace presente Jesús resucitado para ser nuestro alimento y compañero de camino". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

domingo, 5 de mayo de 2019

La pesca milagrosa.


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"El evangelio del tercer domingo de Pascua recoge la manifestación de Jesús resucitado a sus  discípulos junto al lago de Genesaret (Jn 21,1-14).

El Señor se hace presente a los discípulos que están desorientados pero, a pesar de todo, conservan cierta unidad entre ellos. El desánimo sugirió a cada uno volver a sus quehaceres, buscando una seguridad personal y abandonando la empresa común, pero mantuvieron las relaciones. Se ayudan en lo material, colaborando en los trabajos de la pesca, aunque con poco éxito. 

En esta escena encontramos los amigos de la primera hora, con los que Jesús inició su aventura (Pedro, Tomás, Natanael, los hijos del Zebedeo y otros dos). El primero de la lista es Pedro. Dato importante para la comunidad, que tiene que madurar la disponibilidad a la colaboración en torno a Pedro para vencer las dificultades del momento. 

Aunque la noche sea larga, aunque el trabajo parezca pesado y sin fruto, aun cuando el tiempo triste le sugiera a cada uno irse a su casa, sigue siendo necesaria la colaboración de todos. En esta perseverancia común, en la fatiga aceptada conjuntamente, la presencia del Señor, que parecía perdida, vuelve a manifestarse. El Señor se hace presente por la mañana, aunque bien podía haber estado toda la noche entre ellos, sin que se dieran cuenta. 

El texto recuerda a la Iglesia que el Señor siempre está cerca, como compañero y amigo generoso. Hay que obedecer siempre a su palabra, abriendo los ojos del corazón para descubrirle. Jesús se manifiesta con tres signos complementarios: 

En primer lugar, premia con su presencia la constancia de quienes han perseverado unidos, en grupo, a pesar de las dificultades. 

En segundo lugar, premia con una pesca abundante el esfuerzo de quienes siguen sus indicaciones, aunque no las terminen de comprender; en contraste con su largo e infructuoso trabajo nocturno. 

En tercer lugar, se manifiesta a los suyos con su acostumbrada benignidad y amistad, como quien siempre sale al encuentro, reparando nuestras fuerzas, sirviéndonos, ofreciéndonos el alimento que necesitan nuestros cuerpos cansados". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.


Señor, tú conoces todo, tú sabes que te amo.


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"Las personas suelen ser injustas con Pedro. Cuando pregunto qué saben de él, además de que fue un pescador y apóstol de Cristo, casi siempre dicen: "El que lo negó tres veces". Pobre Pedro. Nadie dice que también caminó sobre las aguas (Mateo 14,22-33), que Jesús lo nombró cimiento y líder visible de su iglesia (Mateo 16,13-19), que tenía dones de sanación y que su sombra sanaba enfermos con el poder de Dios (Hechos 5,15). Muchos desconocen este trozo del Evangelio de la misa dominical. Cristo ya había resucitado, y quiso que Pedro, le reafirmara tres veces su amor, por cada herida que le causó la triple negación, que sintiera que no quedaban deudas por saldar y que su promesa de que fuera el líder del rebaño permanecía inalterable: "Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos. Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿Me amas más que éstos?» Contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.» Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿Me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Cuida mis ovejas.» Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.» Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.» Evangelio según San Juan 21, 14-17 Hoy es un buen día para manifestarle a Dios lo importante que es para tí, él también necesita que le digas: ¡Señor tú sabes que te quiero!. También es un buen día para manifestarle a tus seres queridos tu afecto. Un mensaje, un detalle, una llamada, un abrazo, una canción, un beso, un te quiero". P. Chulalo.

viernes, 3 de mayo de 2019

La cruz de mayo (2)

""El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que somos salvados es poder de Dios". Corintios 1,18
En Venezuela celebramos la fiesta de la exaltación de la Cruz en Mayo, mes de las flores. Mira la Cruz de Mayo. Es una Cruz Gloriosa, que nos recuerda que Cristo venció a la muerte, resucitó. Él ya no está ahí. Donde estaba la muerte ahora reina la vida, nacen las flores, vuelve la esperanza. La sangre de Cristo fecundó el madero y lo hizo florecer. La Cruz florida es un símbolo que nos recuerda, que se  acaba la noche y que viene un nuevo día donde triunfa la vida, que estamos a un paso de reconstruir lo destruido, que nunca hemos estado tan cerca de la victoria, que poco a poco le vamos quitando espacio a las tinieblas para que brille la luz, porque ya empezó a amanecer, ya está alboreando la mañana, ningún esfuerzo se ha perdido, ninguna lucha, fue en vano. Ya viene el tiempo de las canciones, ya viene el tiempo de los abrazos, ya viene el tiempo de las lágrimas de gozo, ya viene el tiempo de la justicia y de la paz". P. Chulalo.

La cruz de mayo.


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"Hoy la Iglesia católica celebra el día de la Santa Cruz -fiesta de la Cruz de Mayo, o de las cruces- como memoria de aquel madero donde murió Jesús, y que desde siempre ha sido considerado el signo más significativo del cristiano. No en vano el mismo San Mateo en su evangelio hizo referencia a ella: "Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viviendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria".

El origen de esta celebración, que en la actualidad es una fiesta popular con diferentes manifestaciones en varios países del mundo, data del siglo IV en tiempo de Constantino I el Grande, de quien se dice, antes de enfrentarse a los bárbaros a orillas del Danubio, tuvo una visión en el cielo de una cruz que encima decía "Con esta señal vencerás". La historia, que para algunos tiene un matiz legendario, dice que Constantino de inmediato mandó construir una cruz que fue puesta frente a su ejército, y que venció sin problema al ejército enemigo.
Más adelante, continua la historia, fue el mismo Constantino quien encomendó la misión a su madre, hoy Santa Elena, de buscar la verdadera cruz donde murió Cristo. En efecto así hizo la mujer, quien se dirigió a Jerusalén y con la ayuda de unos sabios sacerdotes encontró en el Monte Calvario 3 maderos ensangrentados.

Narra la tradición que para determinar cuál era la cruz en la que había muerto Jesús, pidieron a personas enfermas que tocaran una por una las 3 cruces, notando que una en particular sanaba a los enfermos.
Desde ese entonces -con el hallazgo de la cruz de Cristo, y con el deseo de Elena de conmemorar la fecha en la que fue encontrado este madero- se celebra en el mundo la Fiesta de la Santa Cruz.
La Fiesta de las Cruces en el mundo.

Esta conmemoración tiene manifestaciones diversas en varios países del mundo. En España, por ejemplo, en la Fiesta de las Cruces, como se conoce en el país europeo, se elaboran cruces con flores, las cuales sacan en procesiones por las calles, y son, en ocasiones, acompañadas por pasos que cargan niños. En ciudades como Granada, las calles, plazas, patios y colegios son adornados con cruces de flores, en su mayoría con claveles rojos y blancos.

En Colombia también se acostumbra a elaborar cruces de mediano tamaño con hojas secas o flores, y en departamentos como Risaralda, Quindío y Antioquia existe la tradición de conmemorar el "Día de los Mil Jesuses", que consiste en repetir mil veces el nombre de Jesús, esto con la creencia que Dios los protegerá durante todo el año.

Por su parte, en Venezuela realizan lo que se conoce como los "Velorios de la Cruz de Mayo", una festividad que combina las tradiciones españolas con elementos indígenas y afro descendientes. Para la ocasión las personas adornan cruces con cintas y papeles de colores, para expresar, de forma alegórica, el deseo de quitarle a Jesús el dolor de su crucifixión.
En Perú, esta fiesta se vive de manera particular en la región de Tacna, ubicada al sur del país suramericano, donde diferentes hermandades, antes del 3 de mayo, elaboran cruces que son situadas en lo alto de los cerros de la zona, las cuales, una semana antes de la festividad, son bajadas y reunidas en la Catedral de Tacna para ser veneradas durante el mes de mayo por los fieles de la región".

jueves, 2 de mayo de 2019

¿Por qué mayo es el Mes de María?


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"... La costumbre nació en la antigua Grecia. El mes mayo era dedicado a Artemisa, la diosa de la fecundidad. Algo similar sucedía en la antigua Roma pues mayo era dedicado a Flora, la diosa de la vegetación. En aquella época celebraban los ludi florals o los juegos florales a finales de abril y pedían su intercesión.
En la época medieval abundaron costumbres similares, todo centrado en la llegada del buen tiempo y el alejamiento del invierno. El 1 de mayo era considerado como el apogeo de la primavera.
Durante este período, antes del siglo XII, entró en vigor la tradición de Tricesimum o "La devoción de treinta días a María". Estas celebraciones se llevaban a cabo del 15 de agosto al 14 de septiembre y todavía puede observarse en algunas áreas.
La idea de un mes dedicado específicamente a María se remonta al tiempo barroco o siglo XVII. Si bien, no siempre se llevó a cabo en mayo, el mes de María incluía treinta ejercicios espirituales diarios en honor a la Madre de Dios.

Fue en esta época que el mes de mayo y de María se combinaron, haciendo que esta celebración cuente con devociones especiales organizadas cada día durante todo el mes. Esta costumbre se extendió sobre todo durante el siglo XIX y se practica hasta hoy...". ACI Prensa.

miércoles, 1 de mayo de 2019

SAN JOSÉ, OBRERO.

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El 1° de mayo, fiesta del trabajo, conmemoramos a san José, el esposo de la Virgen María, el artesano de Nazaret, bajo cuya tutela vivió y se inició en el trabajo y en el mundo social Jesús, llamado por sus conciudadanos "el hijo del carpintero". La fiesta la estableció Pío XII en 1955 y quiere ser una catequesis sobre el significado del trabajo humano a la luz de la fe. San José, hombre sencillo de pueblo, nos da el ejemplo de una vida honesta y laboriosa, ganándose el pan con el sudor de su frente, para él y para los a él confiados, por los servicios prestados a su prójimo. José ennobleció el trabajo, que ejerció sostenido y alentado por la convivencia con Jesús y María.



sábado, 27 de abril de 2019

Significado de la resurrección de Jesús.





"Con la muerte de Cristo, pareció fracasar su pretensión. Sus enemigos quedaron momentáneamente convencidos de que no se puede ir contra el sistema establecido y quedar impune. Lo que ellos vieron es que el rebelde que hizo algunos signos que confundieron al pueblo, que se mostró libre ante la Ley y las autoridades, que proclamó dichosos a los pobres y a los pecadores... acabó abandonado de sus seguidores y de su Dios. Su vida, su predicación y sus promesas parecieron no tener sentido. 

En un primer momento, sus discípulos se escondieron para no acabar como él. Sin embargo, los mismos que huyeron atemorizados, salen de pronto a la luz para gritar su fe. Sufren con heroísmo azotes, encarcelamientos, la misma muerte, por confesar a Jesús. 

Ellos anuncian lo que han experimentado: su encuentro con el crucificado que –paradójicamente– se les ha mostrado vivo. No es un sueño; no es un fantasma; es el mismo Jesucristo. Igual que antes, pero más que antes. Una presencia que se impone llena de poderío. Ellos son los testigos.

Los discípulos no cuentan cómo sucedió. Ellos no estaban allí, pero en medio del silencio de la noche, contra toda esperanza, Jesús resucitó, y ahora se ha hecho presente, vivo y actuante en sus vidas. 

No son ellos los que le han buscado o han provocado el encuentro. Él siempre lleva la iniciativa y se ha manifestado a las mujeres, a algunos discípulos, a los doce... juntos y por separado, haciéndoles comprender que se ha realizado lo que parecía imposible: Cristo ha vencido a la muerte y ahora vive para siempre. El Padre da la razón a Jesús y transforma su humillación en exaltación. 

Los primeros cristianos formulan su fe diciendo que Jesús resucitó «según las Escrituras». Esta indicación es esencial para entender bien el anuncio de la resurrección, puesto que la misma palabra «resucitar» no significa más que levantarse o despertar de un sueño. Pero en el caso de Jesús no nos encontramos ante un regreso a la situación anterior al momento de su muerte (como en el caso de Lázaro), sino ante una situación completamente nueva, que solo las Escrituras nos pueden explicar, porque no tenemos otros puntos de referencia en la historia humana. 

En la resurrección de Jesús se cumplen todas las Escrituras. Aunque pueda sorprendernos, la pasión, muerte y resurrección de Jesús entraban en el proyecto de salvación de Dios, preparado desde toda la eternidad y revelado desde antiguo. Por eso, los apóstoles hicieron un uso abundante del Antiguo Testamento para explicar el misterio de Jesús, especialmente el de su muerte y resurrección. 

Por otro lado, si nosotros creemos esta verdad, lo hacemos «según las Escrituras», es decir, sin más prueba y apoyo que el propio anuncio de los Apóstoles recogido en las Escrituras. Creer, aceptar la resurrección, es creer el anuncio del Nuevo Testamento. 

Que Jesús resucitó no significa que un muerto se puso de pie, que volvió a esta vida, sino que es muchísimo más: es el principio de la Nueva Creación. Significa que el Padre da la razón a Jesús y transforma su humillación en exaltación.

Todo lo que hizo y dijo Jesús revela su verdadero sentido porque se manifiesta auténtico, verdadero en él. Confió en el Padre hasta la muerte y el Padre le libró de la muerte, haciendo mucho más que devolverle la vida perdida: le convirtió en Primogénito, en el primer nacido del nuevo mundo que Jesús había anunciado, juez de vivos y muertos, última referencia de todo lo que existe. 

Y podemos tener la confianza de que todo lo sucedido en él está destinado a suceder en nosotros, porque él es el primero a quien siguen muchos hermanos, que mueren con él para vivir con él para siempre en el Reino de Dios.

Los que ahora lo encuentran, comprenden los signos que realizó, comprenden sus palabras, comprenden su muerte. Todo adquiere un significado nuevo, más profundo: «Ya no pesa condenación alguna sobre los que viven en Cristo Jesús. La ley del Espíritu vivificador me ha liberado por medio de Cristo Jesús de la ley, del pecado y de la muerte» (Rom 8,1-2). 

En Jesús descubrimos que la muerte física no es el final de nuestra existencia porque hemos sido creados para amar a Dios y compartir su vida. Su amor y su vida son definitivos, eternos. En su resurrección se nos confirma su anuncio. 

Al mismo tiempo, descubrimos en él que el dolor, el sufrimiento, las muertes de cada día, no frustran la realización de nuestra existencia. Las cosas, los afectos, los triunfos son secundarios para el cristiano. 

En Cristo sabemos que el amor gratuito de Dios (que es lo que da sentido a nuestra vida) no puede fallar y no tenemos miedo, porque estamos seguros de que «ni la muerte, ni la vida... ni otra criatura alguna, nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús» (Rom 8,31-39)". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

miércoles, 24 de abril de 2019

Emaús: La catequesis de Jesús y de la Iglesia.


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"Al morir Jesús, sus discípulos se dispersaron. Algunos regresaron a sus lugares de origen y otros permanecieron escondidos en Jerusalén. Todos se encontraban confundidos, asustados, sin esperanza.

La escena de los discípulos de Emaús ayuda a comprender el proceso por el que pasaron los primeros creyentes: desde la huida a la reunificación, del desánimo al entusiasmo. Proceso que se realiza a partir del encuentro con Jesús resucitado, que se hace presente en la explicación de las Escrituras y en la Fracción del Pan.

El capítulo 24 de Lucas es el último de su evangelio. Sirve para concluir todo el libro y para comprender tanto lo que viene delante (el evangelio, la historia de Jesús) como lo que se narrará después (los Hechos de los apóstoles, la historia de la Iglesia).

Los últimos meses de la vida de Jesús, los más intensos, fueron un gran viaje a Jerusalén, donde debían suceder cosas grandiosas, donde se debía establecer el reinado de Dios. 

Cuando Jesús hablaba de sufrimiento, no se atrevían a preguntar y preferían seguir con sus propias ideas sobre la manifestación del mesías. En Jerusalén ellos no vieron lo que esperaban, sino el fracaso de Jesús y de su proyecto. 

Ahora se vuelven a sus casas con el corazón roto, sin esperanza, por lo que confiesan: «Nosotros esperábamos…» (24,21); pero ya no esperan nada más. Ahora realizan el camino contrario al que hicieron con Jesús y, al alejarse de Jerusalén, se van hacia la oscuridad, entran en la noche.

Jesús sale al encuentro de sus ovejas perdidas y tristes, y se introduce en su conversación. Con paciencia les explica las Escrituras y les recuerda sus propias palabras para que comprendan el sentido de su muerte y de su resurrección (cf. 24,25-27). 

Jesús explica a la Iglesia lo que ella misma debe hacer a partir de entonces. En los Hechos de los apóstoles vemos que los discípulos interpretan lo que sucedió a Jesús a la luz de las Escrituras. 

Felipe, por ejemplo, al encontrarse con el eunuco etíope que leía a Isaías, «comenzando por aquel paso de la Escritura, le explicó todo lo que se refería a Jesús» (Hch 8,26-40). Después de bautizarle, Felipe desapareció, el eunuco no lo vio más y continuó su camino lleno de alegría (cf. Hch 8,39). 

Igual que les había sucedido a los discípulos de Emaús. El paralelismo le sirve a Lucas para explicar que la Iglesia solo tiene que hacer lo que hizo Jesús: interpretar su misterio a la luz de las Escrituras. 

Cuando los discípulos llegan a Emaús aún no reconocen a Jesús, a pesar de que él mismo les ha explicado las Escrituras. De momento, Jesús prosigue su camino y ellos le piden que se quede en su casa.

Confiesan que se encuentran en la oscuridad («es de noche») y Jesús se queda con ellos: «Se sentó a la mesa, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo entregó» (24,30). 

Vemos aquí las mismas palabras que en la narración de la última Cena (cf. 22,19). Ante el actuar de Jesús se abren sus ojos y le reconocen.

Ahora que los discípulos reconocen a su Señor, que se abren sus ojos, Jesús desaparece de su vista. Es el momento en que Jesús vuelve a su Padre, donde ha de ser descubierto. En esta eucaristía encontramos el culmen del evangelio de Lucas. No estamos en la del Jueves Santo, con Jesús que camina hacia el Calvario, sino en la celebración pascual, con Jesús que ya se encuentra en el seno del Padre.

Cuando los discípulos reconocen a Jesús, vuelven corriendo a Jerusalén; regresan con los apóstoles, con la Comunidad, que ahora confiesa: «Verdaderamente el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón» (24,34)". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.