martes, 6 de agosto de 2019

6 de agosto, fiesta de la transfiguración del Señor.

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"Ante las dificultades que atraviesan los primeros cristianos, Pedro quiere transmitirles en este breve párrafo, seguridad en la fe que profesan, manifestándoles una experiencia, lo que ha visto y oído, lo que  junto con Santiago y Juan, vivieron estando con Jesús en la montaña sagrada.  Vieron –sin esperarlo- la gloria del Señor, oyeron la voz del Padre, que como ya ocurriera en el momento del Bautismo  testifica: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco”, añadiendo en este momento de la vida de Jesús, una palabra muy importante e imperativa: “Escuchadle”!
Según la narración de Lucas, los  apóstoles siguiendo a Jesús fueron a la montaña a orar... En medio de la soledad, del silencio, de la altura, la fuerza, la intensidad, la luz deslumbrante, el fogonazo  del encuentro con la divinidad les alcanzó... Por un momento -inolvidable y sublime-, fueron testigos  de la gloria de Jesús, de la grandeza que ocultaba  su cuerpo mortal,   participaron de la atmosfera de Dios y esto les impresionó, les asustó, les dejó boqui-abiertos... “No sabía lo que decía” confesó más tarde. Esta experiencia  les sacudió su modorra, les quitó el sueño...
Uno no oye, no ve todos los días a Dios “cara a cara”, no espera encontrarse con personajes tan significativos de la Historia de la Salvación como eran para el pueblo judío Moisés y Elías... Dios les concedió su don de Entendimiento para al menos en ese momento, reconocerlos y saber relacionar la misión de Jesús como continuación y plenitud de lo que los antiguos profetas anunciaron, como más tarde diría el mismo Jesús a los discípulos de Emaús: “Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó  lo que se refería a Él en toda la Escritura”.

¡Qué bien se está aquí!

¡Qué hermoso, qué bien se está aquí!”, exclamó Pedro en un nuevo alarde de su impulsividad, “si quieres haré tres chozas...”,como queriendo instalarse, deseando que este momento sublime no se terminara nunca... Es parte de nuestra naturaleza humana..., ¡qué pronto nos aferramos a lo bueno!... Y sin embargo, de pronto una nube luminosa los cubrió, y se llenaron de espanto, oyendo la voz del Padre... Fue Jesús mismo quien acercándose, los animó a levantarse, a ponerse en camino, bajar al valle  y a no tener miedo de enfrentarse con la realidad, con la tarea encomendada...
El acontecimiento  de la Transfiguración fue un anticipo de la gloria de la Resurrección, previo a los días tristes, amargos y oscuros que habían de vivir de la Pasión dolorosa, aunque ni Pedro, ni Santiago ni Juan lo tuvieron en cuenta en esos momentos ni lograron vislumbrar todo su alcance “y les daba miedo preguntar” e incluso hablarlo entre ellos... Sólo después de la Resurrección de Jesús y de la venida del Espíritu Santo entendieron algo del Misterio sublime que habitaba en la Persona de Jesús, que siendo Dios se rebajó, haciéndose hombre para redimirnos por medio de su muerte, como lo hablaba con Moisés y Elías... Era algo preestablecido por el Padre, era su designio y por eso, ante la docilidad y fidelidad de Jesús, el Padre se complace y lo da a entender... “Este es mi Hijo amado, mi Predilecto, el Escogido, en quien me complazco”...
Este testimonio es lo que Pedro, uno de los apóstoles privilegiados, trata de comunicar a sus lectores, para confirmar que la fe en Jesús y el anuncio de su Buena Nueva no es una invención, una retórica, sino consecuencia de una experiencia vital como la lámpara que cargada de aceite, luce, brilla e ilumina a otros...
Sólo escuchando a Jesús –plenitud y culminación de lo que anunciaron y significaban Moisés (la Ley) y Elías (los Profetas)-, y poniendo en práctica su Mandamiento Nuevo, lograremos ser la luz que brilla en un lugar oscuro, la sal que da sabor y el vino nuevo de la Vida nueva que nos trae Jesucristo...". Sor Inmaculada Ocaña Gutiérrez.

miércoles, 31 de julio de 2019

31 de julio, san Ignacio de Loyola.

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"Hoy, 31 de julio, se celebra la fiesta de san Ignacio de Loyola (1491-1556), el fundador de los jesuitas y redactor del famoso libro de los "Ejercicios espirituales".
Ignacio nació en el castillo de Loyola, junto a la aldea de Azpeitia. Fue caballero al servicio del emperador Carlos V. Herido en 1521 por una bala de cañón, cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.
Durante su convalecencia, para entretenerse, se dedicó a leer libros que narraban la vida de Cristo y de los santos. Estas lecturas lo llevaron a la conversión.
Una vez curado, peregrinó hasta el monasterio de Nuestra Señora de Montserrat. Allí, ante la imagen de la Virgen María, veló una noche entera y dejó a sus pies las armas de caballero.
Después se dirigió a Manresa, donde vivió un año dedicado a la oración en una cueva: "Y estando allí se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas" (Autobiografía, 30).
Desde allí se dirigió peregrinando a Jerusalén. Su deseo era quedarse en la ciudad santa, pero no se lo permitieron, por lo que pasado un año tuvo que regresar a España.
Estudió filosofía y teología en Barcelona, Alcalá de Henares, Salamanca y París. En todos los lugares tuvo dificultades con la Inquisición, encarcelamientos y juicios, porque predicaba por las calles y animaba a todos a vivir conforme a evangelio, pero no se lo permitían hacer hasta que terminara sus estudios.
En París compartió la habitación con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra. Se hicieron amigos y se unieron a él junto a otros estudiantes: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban, estudiaban y hablaban juntos de las cosas de Dios.
Los siete amigos decidieron peregrinar a Roma y presentarse ante el Papa "a fin de que él los envíe adonde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas".
En Roma se les unieron otros jóvenes y decidieron llamarse "Compañía de Jesús", haciendo los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, al que añadieron otro voto de obediencia al papa para las misiones que les confíe.
Fijaron su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma, frente a una capillita dedicada a la Virgen María que, con el tiempo, se convirtió en la gran iglesia del Gesú. Allí formó a los primeros aspirantes y desde allí envió misioneros a distintos países de Europa, Asia, África y América.
Además de formar a sus religiosos, escribir las constituciones del instituto y otras tareas de gobierno, Ignacio fundó varias instituciones educativas, casas para acoger judíos y musulmanes que se convertían al cristianismo, un refugio para mujeres sin hogar, y organizó colectas para los pobres y los prisioneros.
Falleció a los 65 años, que en aquella época era una ancianidad venerable. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba con unos 1000 religioso, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), con 92 casas, de las que 33 correspondían a obras educativas. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.
En nuestros días, los jesuitas son unos 17.000, presentes en 127 países. La familia ignaciana se extiende más allá de las estructuras de la Compañía de Jesús en numerosos grupos y asociaciones de laicos identificados con la espiritualidad ignaciana.
En 1974, bajo el generalato del padre Pedro Arrupe, optaron por consagrar su vida a la evangelización y a la promoción de la justicia de manera inseparable. Esto les conllevó incomprensiones por parte de algunos miembros de la jerarquía eclesiástica, pero han permanecido firmes en su decisión por fidelidad al evangelio.
Hoy, por primera vez en la historia, el papa es jesuita y también el prefecto de la congregación para la doctrina de la fe". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

lunes, 29 de julio de 2019

29 de julio. Santa Marta. 



"Era hermana de María y de Lázaro, la familia de Betania amiga de Jesús, en cuya casa el Señor se encontraba muy a gusto. San Juan nos dice que "Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro" Juan 11,5. Dos escenas del evangelio nos lo evidencian. Marta acogió en su casa a Jesús; éste se entretenía con María; Marta se quejó de la falta de colaboración de su hermana, y entonces escuchó el dulce reproche de Señor que establece la jerarquía de valores: "Marta, Marta, una sola cosa es necesaria" Lucas 10,41-42; Marta hospedó al Señor y le sirvió con esmero. No menos emotivo es el episodio de la resurrección de Lázaro, y el diálogo que la precede entre Jesús y Marta cuando ésta sale a su encuentro y acaba confesando: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo" Juan 11,27". Casa Teresiana de Oración.

sábado, 27 de julio de 2019



"María hizo una entrega total de sí,
de su corazón, de su cuerpo, de su alma
y de su espíritu al servicio de Dios".
Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Carmelita.


viernes, 26 de julio de 2019

26 de julio. San Joaquín y santa Ana.



"Padres de la Virgen María, abuelos de Jesús. La conmemoración de los santos Joaquín y Ana es una buena ocasión para recordar las raíces humanas de Jesús. En él, Dios se ha emparentado con la estirpe humana. En esta fecha los cristianos evocan la presencia de los abuelos y la responsabilidad ética de ofrecer la ne
En su carta encíclica Redemptoris Mater, el papa Juan Pablo II ha escrito que «la presencia de María en medio de Israel, tan discreta que pasó casi inadvertida a los ojos de sus contemporáneos, resplandecía claramente ante el Eterno, el cual había asociado a esta desconocida Hija de Sión al plan salvífico, que abarca toda la historia de la humanidad».
La vida discreta de María había de compaginarse con el silencio sobre sus antepasados. Sin embargo, la liturgia de la Iglesia parece intentar penetrar en ese silencio, no tanto para satisfacer nuestra curiosidad cuanto para darnos ocasión para celebrar los planes de Dios sobre la historia humana, que se había de convertir en una historia redimida.
De hecho, la antífona de entrada que se canta al inicio de la Eucaristía de hoy nos introduce en una celebración marcada por el signo de la alegría: «Alabemos a Joaquín y a Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos»». Los protagonistas son los padres, pero el objeto de la alabanza es la providencia divina que, en María, prepara los caminos para la llegada del Salvador.
Procedentes de Galilea, se habrían trasladado pronto a Jerusalén donde vivirían en una casa cercana a la piscina Probática (o estanque de las ovejas), en la que Jesús curó a un hombre paralítico (In 5, 2). La actual iglesia de Santa Ana trata de evocar aquella tradición, aunque es cierto que subsiste también otra tradición que sitúa la vivienda de los padres de María precisamente en Séforis (Galilea).
La leyenda apócrifa se detiene en numerosos detalles anecdóticos. Así se complace en subrayar la esterilidad de Ana, las oraciones de los piadosos esposos, la larga espera, la ausencia del marido, las revelaciones de los ángeles a uno y otra, el encuentro de Joaquín y Ana junto a la Puerta Dorada de Jerusalén, escena inmortalizada por uno de los frescos de Giotto. Los relatos apócrifos narran también el nacimiento de María, los cuidados que le ofrecieron sus padres, así como la dedicación al servicio del templo de aquella niña que sube decidida los quince escalones del lugar santo. Todos estos pasajes constituyen otros tantos motivos iconográficos, representados con mucha frecuencia por la pintura y la escultura.
El culto a Santa Ana, presunta abuela de Jesús, se introdujo ya en la Iglesia oriental en el siglo VI, y pasó a la occidental en el siglo X. El culto a San Joaquín es más reciente. […]
La conmemoración de los santos Joaquín y Ana es una buena ocasión para recordar las raíces humanas de Jesús. En él, Dios se ha emparentado con la estirpe humana. El relato evangélico que se proclama en este día evoca las palabras con las que Jesús declara dichosos a sus contemporáneos por haber tenido la suerte de ver y oír lo que habían anhelado los profetas y los justos de otros tiempos.
Por otra parte, la imagen habitual de Santa Ana, acompañando a María y al pequeño Jesús, refleja, también para un tiempo de desentendimiento e individualismo, la necesaria relación y comprensión entre las generaciones. El texto del libro del Eclesiástico (41, 1.10-15), que hoy se lee en la celebración eucarística, nos invita a hacer revivir en gratitud la memoria de los antepasados. No es extraño que esta fecha evoque con frecuencia entre los cristianos la presencia de los abuelos y la responsabilidad ética de ofrecer la necesaria atención integral a los ancianos".
José-Román Flecha Andrés






jueves, 25 de julio de 2019

25 de julio. Santiago Apostol.

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"Era natural de Betsaida, (Lago de Tiberíades). Se lo denomina “el Mayor”, para distinguirlo de Santiago de Alfeo. Era hermano de Juan; hijo de María Salomé y Zebedeo, con quien compartían el oficio de pescadores. Simón Pedro y su hermano Andrés ya estaban con Jesús cuando llamó a Santiago y a Juan, a los que les dio el apodo de Boanerghes (los del trueno) por su fogosidad. 

Con Simón Pedro y Juan fue testigo de la Transfiguración, de la resurrección de la hija de Jairo y de la noche en Getsemaní. 
Cuando Salomé pidió a Jesús puestos de honor en su reino para sus hijos Juan y Santiago, él les dijo: “Son ustedes capaces de beber el cáliz que yo he de beber?” Ambos dijeron que sí, pero sin saber a lo que se comprometían. Sin embargo, el Maestro les tomó por la palabra, y Santiago fue el primer apóstol mártir, decapitado por Herodes en Jerusalén el año 42. 
Hasta aquí las noticias ciertas sobre Santiago el Mayor. 
Siglos después aparecieron tradiciones y leyendas. Se cree que ha evangelizado en España, y el Pilar de Zaragoza, con su tradición secular de milagros y conversiones, confirmaría la presencia evangelizadora de Santiago en esa ciudad y región. Por otra parte, Santiago de Compostela (Campo de la Estrella), según una antigua tradición, es el lugar donde, en el año 814, apareció una estrella que señaló la tumba de Santiago, cuyos restos habrían sido traídos por sus discípulos desde Jerusalén en fecha desconocida, Lo cierto y positivo es que Zaragoza y Santiago de Compostela, al igual que Lourdes, Fátima, Loreto..., son centros de fe, conversión y milagros.
El Evangelio de hoy nos enseña que tratar de ser primeros, sin importar como y a costa de quien, no está conforme al espíritu cristiano...".  Pedro Donoso Brant.


miércoles, 24 de julio de 2019

24 de julio. Beatas Pilar, Teresa y Ángeles.



María Pilar de San Francisco de Borja nació en Tarazona, el día 30 de diciembre de 1877; Teresa del Niño Jesús y de San Juan de la Cruz, en Mochales el 5 de marzo de 1909; María Ángeles de San José, en Getafe el 6 de marzo de 1905. Las tres profesaron en el monasterio de San José de las Carmelitas Descalzas de Guadalajara (España). Y las tres sufrieron el martirio el 24 de julio de 1936, después de confesar su fe en Cristo Rey y de hacer oblación de su propia vida por la Iglesia. Ellas son las primicias de los innumerables mártires de la guerra civil española de 1936-1939.

Fueron beatificadas el 29 de marzo de 1987.

lunes, 22 de julio de 2019

Itinerario del profeta Elías







22 de julio. Santa María Magdalena.

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"Hoy es la fiesta de santa María Magdalena, que tuvo una importancia decisiva en la primera generación cristiana y que en los textos posteriores (todos escritos por varones) fue silenciada.
Amó mucho a Jesús y se supo amada por él, que la liberó de siete demonios. Pero no fue la amante de Jesús, como pretenden algunas noveluchas escritas en los últimos años. Al menos, no amante como entienden esos escritos, que reducen todo a las relaciones sexuales.
Los evangelios no dicen el nombre de su padre ni de su esposo, como era común en la época, sino que la identifican con su ciudad de proveniencia (Magdala), lo que indica que fue una mujer liberada e independiente, de las que se arriesgaron a seguir a Jesús con todas las consecuencias.
Hoy no podemos comprender lo que supuso para algunas mujeres saltarse todos los prejuicios sociales y seguir a Jesús incondicionalmente. ¿Cuántos insultos e injurias tendrían que soportar en sus desplazamientos? ¿y a los pies de la cruz?
María Magdalena y las otras mujeres descubrieron que alguien las trataba como seres humanos, de tú a tú, sin considerarlas inferiores. No encontramos nada similar en la literatura antigua de ninguna cultura. Se sintieron valorizadas y esto las animó a convertirse en discípulas del Galileo y colaboradoras suyas en el servicio del Reino de Dios.
Cuando Jesús fue crucificado y los discípulos varones huyeron, ellas permanecieron junto a la cruz. Ellos intentaron olvidar y rehacer sus vidas, volviendo a sus ocupaciones anteriores. Ellas no podían regresar al pasado. La sociedad no se lo habría permitido y ellas tampoco habrían aceptado volver a ser considerados objetos propiedad de los varones, sin capacidad de decisión personal.
Por eso se quedaron en Jerusalén, primero cerca de la cruz y después cerca del sepulcro. El recuerdo de Jesús era su único consuelo. Y llorar junto a su cadáver, su único deseo.
Jesús resucitado salió al encuentro de las que tanto le amaban, dándoles el encargo de testimoniar la resurrección, precisamente a ellas, que eran conscientes de que el testimonio de una mujer no era admitido en un juicio y que nadie se habría fiado de sus palabras.
Hoy los curas y los frailes predicamos mucho, aunque pocos nos escuchan, pero ellas siguen anunciando la presencia viva del resucitado en el mundo con sus vidas, como recordábamos aquí. ¡Benditas Magdalenas que saben amar sin medida!". P. Eduardo Sanz de Miguel, ocd.

domingo, 21 de julio de 2019

20 de julio. El profeta Elías.

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"EL 20 de julio el Carmelo celebra al Profeta Elías, cuyo nombre (en hebreo ’Èl-iYahu) significa “Yahvé es mi Dios”.
La Biblia recoge dos expresiones suyas, que se repiten como lemas de su existencia: “Vive Dios, en cuya presencia estoy” y “Me consumo de celo por la causa del Señor, Dios de los ejércitos”. Desde antiguo, la Orden vio en estas dos expresiones la mejor descripción del doble espíritu heredado de Elías (la contemplación y el apostolado).
En la cima del Monte Carmelo retó a los adoradores de los falsos dioses, mostrándoles que sólo hay un Dios verdadero. Después de realizar numerosos prodigios, en la soledad del Monte Horeb descubrió la presencia de Dios en la brisa suave de la oración silenciosa. Allí, Dios se le manifestó como “el Clemente y Compasivo, rico en piedad y leal”.
La Biblia afirma que, terminada su misión en la tierra, fue misteriosamente raptado en un carro de fuego. El profeta Malaquías anunció que Elías debía volver para preparar la manifestación del mesías. Por eso, Jesús afirmó que san Juan Bautista “vino con el espíritu y poder de Elías”. En la transfiguración del Señor, Elías apareció como el representante de los profetas, testimoniando que toda la Escritura anuncia a Cristo.
Los primeros ermitaños del monte Carmelo lo tomaron como modelo de su vida consagrada. Por eso los carmelitas le rendimos este culto especial". P. Eduardo Sanz de Miguel.